Yemas

Dentro del desarrollo de la historia de vida de los seres vivos se aprende a responder a muchos estímulos, en respuesta a diferente cantidad de situaciones.
Además hay aprendizajes condicionados, y otros que no son si quiera razonados por el individuo.
De ahí resultan los gustos y preferencias que tenemos, luego no sabes porqué te gustan las malteadas de vainilla con canela y cereza, o porqué prefieres los amarillos sobre los azules, o si te ponen más las menuditas que las voluptuosas, o los largos que los anchotes.
 
Con la edad y nuestros propios sistemas de retroalimentación positivos y negativos son afirmados y reafirmados los aquellos estímulos que más sensaciones producen y provocan placer corporal. Pero con la reafirmación de que te gustan los chilaquiles o los tacos al pastor o de barbacoa o el caldo de res, es inherente la pérdida de las sensaciones producidas por otros platillos.
 
Ganas tus sensaciones favoritas, pero las nuevas, o las no tan experimentadas se quedan de lado, perdidas en el hiperespacio de lo anulado.
 
Curiosamente, algunas personas viven felices en la comodidad de lo conocido, y algunas otras las critican y les atacan porque son "aburridos". Aburridos no son, simplemente tienen sus preferencias definidas.
 
Otros viven experimentando, y aunque tengan sus preferencias se arriesgan a la inconformidad permanente del "sabe rico, pero quiero otro diferente".
 
Pero la historia de vida no es estática, se mueve, pues uno sigue viviendo y variando con las experiencias, lo que produce que en ocasiones se pasen por etapas "creativas" o por "crisis" o "periodos"… depende de la lectura que se les quieran dar. Ahí tienen la de los treintas, cuarentas, la menopáusica, la del postparto, y otras muchas más.
 
Lo curioso es que…
 
 
No se necesita una etapa para tener sensaciones nuevas.
Simplemente un día se puede uno despertar y querer un platillo nuevo, como probar comida china casera, o una bebida o un vino desconocido, probar algún elixir o jugar con el humo de un tabaco que no sabes si te va hacer daño o a gustarte, o sentir el satín de unas sábanas, las olas y arena de la playa, o las burbujas de un jacuzzi…
 
Aquellos que tienen la oportunidad de no desperdiciar esos días de kinesteticidad, de dejarse sentir cosas nuevas pueden descubrir que sí hay nuevas ofertas en el mundo que pueden llegar y hasta quedarse.
Y más afortunados aquellos que pudiesen compartir esa sensación que te da en las yemas de los dedos, o en el borde de los labios al probar una gama de sensaciones nuevas acompañados y con el apoyo de la complicidad.
 
 
 

Una respuesta a “Yemas

  1. Desde peques aprendemos, cuando crecemos desaprendemos… Luego, se hacen cosas nuevas, en busqueda de sensaciones o solamente para probar algo que sea nuevo… cuando te animas rompes tus propios esquemas y das paso a un sin fin de sensaciones,, sabores u olores totalmente nuevos, desconocidos que urgan en tu ser para complacer y se conviertan en tus predilectos.Cuando se tiene la oportunidad de compartir esto con alguien que además de todo, te da una sensación de tranquilidad, es una ganancia y unas ganas infinitas de repetir esas sensaciones.Probamos algo nuevo y me gusto… quiero repetirlo y a su vez, quiero probar otra cosa, pero aun no descubro que…no quiero dejar de probar cosas contigo.te amo.pd. soy 1era.

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