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No es que a veces no entienda. Entiendo que casi nunca entiendo. Quizá nunca he entendido a entender y mis entendidas son disentendidos malentendidos.

Los corpúsculos no se coordinan con el flujo eléctrico y se termina revolviendo todo lo que se piensa y lo que sensorialmente es registrado.
La frustración no está en uno mismo sino en el pánico a un otro yo mismo cuando se tiene miedo a que aquél llegue tarde a sus momentos de iluminación entendible.

Quiero la libertad del primer pensamiento sin el suplicio de la primer reacción impulsiva ni del último resentimiento del día.

Mientras tanto la felicidad anda cobijada en el plastiquito mágico.

Albricias por la felicidad que todavía se puede conseguir por medios mundanos.

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