La tortuga del pantano

Vivo en una encrucijada.
La depresión subyacente cae sobre el patano.
 
La tortuga del pantano ha partido.
Fiona mi tortuga se fue, se escapó de su casa en el jardín en la que yo creí que sería feliz mucho tiempo más con nosotros en nuestra familia.
 
La buscamos un ratito, era de noche, habíamos pasado 12 horas en trabajo. La lámpara no tenía pila.
 
Al día siguiente llovió. Yo siempre creí que le encantaba la lluvia, el pasto fresco, la tierra como lodito en donde siempre se medio enterraba. Justo en el lugar donde Justina lo hacía había un trozo de pasto arrancado del tamaño de su caparazón.
 
Fiona se fue, el pantano se ha quedado sin tortuga. Y yo sin esperanzas de encontrarla de nuevo.
 
Los sueños desde el viernes han sido inquietos. Quizá culpa, tal vez incertidumbre, probablemente la depresión de ser un discapacitado para mantener a una tortuga en el jardín encerrada un día mientras salíamos de jornada laboral.
 
Dentro del pantano hay tristeza, mucha tristeza ahora que la tortuga se fue.
 
Mira que yo deseaba que Vito creciera suficiente para que pudieran vivir juntos y convivir muchos años más.
 
Te quiero, te queremos. Que estés bien.
Vito será ahora la tortuga del pantano. Fiona dónde estás?

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